Un artículo sincero y personal de cómo he vivido los cambios y avances en electrónica
Imagino que he vivido en mis propias carnes lo que otros electrónicos sufrieron con el cambio de las válvulas de vacío a la era del transistor haya por la década de los años 50.
A finales de los años 80 desguacé un órgano eléctrico. No por necesidad. No porque estuviera roto. Sino por pura curiosidad.
Probablemente de los primeros en España que acabaron abiertos por un infante en una habitación solo para ver qué demonios llevaba dentro.
1. El sonido que venía de casa
Mi padre tocaba el piano. Y lo hacía bien. Después vinieron los órganos eléctricos. Aquellas teclas tenían algo especial. No era solo música. Era electricidad convertida en emoción.
Y yo quería entender cómo era posible. ¿Cómo aquellos rectángulos verdes con componentes pegados en ella podían producir algo que parecía tener alma?
2. El desguace no fue destrucción, fue iniciación
Abrir aquel órgano fue como abrir un reloj suizo gigante. Etapas bien diferenciadas, que en aquella temprana edad desconocía: Fuente de alimentación. Osciladores. Filtros. Amplificación.
Nada estaba encapsulado. Nada estaba oculto. Todo se podía seguir con un multímetro. Todo se podía rastrear con un osciloscopio.
Cada componente tenía sentido. Cada pista tenía lógica. Cada diseñador dejaba su firma invisible.
3. Cuando reparar era entender
En aquella época reparar significaba:
_ Seguir señal.
_ Interpretar ruido.
_ Medir frecuencias.
_ Buscar una etapa caída.
_ Comprender el esquema.
No era cambiar. Era diagnosticar. Y eso generaba algo que hoy cuesta encontrar: respeto por el diseño.
4. El cambio silencioso
Con el tiempo llegaron los módulos. Luego los SoC. Luego las placas multicapa imposibles. Luego el firmware cerrado.
Y sin darnos cuenta, la reparación pasó de ser un ejercicio intelectual a un procedimiento logístico, donde la placa defectuosa se sustituye y se envía al fabricante, fin.
5. La frustración
La ilusión de aquel infante que abría un órgano se transforma en frustración cuando te conviertes en “cambia piezas”. Cuando te parabas en aquellas tiendas de reparación con multitud de televisiones encendidos para reproducir su fallo y algunos incluso abiertos pudiendo contemplar la magia de lo que aquellas placas verdes con sus diminutos componentes hacían.
Te frustras porque ya no estás entendiendo. Estás reemplazando.
Y cuando uno ha sentido la belleza de una señal senoidal limpia en un osciloscopio, cuesta aceptar que todo se resuelva con un código de pedido.
6. ¿Ha muerto realmente?
No. Ha cambiado de sitio. La reparación a nivel de placa no ha desaparecido. Se ha desplazado a:
_ Laboratorios de I+D.
_ Electrónica de potencia.
_ RF avanzada.
_ Defensa.
_ Industria crítica.
_ Restauración de equipos vintage.
Pero ya no es mainstream. Ya no es visible.
7. El paralelismo con los coches
8. El alma sigue ahí
No, la reparación a nivel de placa no ha muerto. Ha dejado de ser rutina para volver a ser especialidad.
Y aquel infante que desguazó un órgano eléctrico no estaba rompiendo nada. Estaba aprendiendo a mirar más allá de la carcasa.



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